No soy perfecto y ella lo sabía. Cuando fue mi mejor amiga me lo dijo fuerte y claro. Agregó que tampoco soy el centro del mundo y sentí una extraña sensación de certeza en sus palabras. Supongo que igual, imperfecto y estúpido, ella me quería demasiado-o demasiado yo la quería- y una de sus consignas fue siempre no ceder. Es curioso cómo, en ciertas etapas de tu vida, la persona indicada pasa ante tus ojos y no te percatas de ello. Porque muy a parte de ser la chica linda de los ojos marrones oscuros, las pestañas enormes, y las palabras precisas; era la misma mocosa que te empujaba siempre y me tiraba al suelo, a propósito, cada vez que me encontraba y estaba distraído; la misma niña atrevida que me jaloneaba el cabello en primaria pero que moría por jugar a policías y ladrones. Una tarde me confesó que era una excusa, para justificar así, las horas que pasaba viéndome con una fijación enternecedora.
En secundaria los episodios cambiaron, y dejó de fastidiar, se convirtió en una gran amiga, a la que había que proteger de los intrusos perros descarados que veían lo que yo aún no con claridad. Ella era la chica perfecta y ya no tenía que perseguir, ni empujar, ni jalarle el pelo a nadie. Porque las cosas suceden y su primer beso a ella se lo dio un insulso de otro colegio, y a mi una descerebrada alumna de mi madre, en fin “todo lo que se termina, termina mal y sino se contamina” una mañana sus caminos se fueron para la derecha y los míos para la izquierda. Cuando yo ingresé a la universidad a la que ella no pudo, igual se quedó conmigo para celebrarlo, y regresó al mes siguiente a emborracharse por mi hazaña en la otra universidad la del “pan con libertad”. Jamás se quejó de mis ideas sofocantes, ni de mi afán por maldecir a sus padres por snobs, ni a sus tías arribistas, ni a su abuelo nazi. Mil veces había escuchado decir "A Roberto le hace falta una chica como Paula", pero me sonaba a blasfemia. Una ironía demasiado absurda como para digerirla sin cinismo; y le había dicho ya mucho tiempo después, frente a una piscina en forma de tortuga "Si tú y yo estuviéramos juntos duraríamos a las justas media semana". Y ella, con sus mismos ojos marrones y sus pestañas preciosas me había dicho sonriendo que "Al menos iban a ser los mejores 4 días de su vida". Pero ni ella ni yo tuvimos razón pués el tiempo que estuvimos sólo nos alcanzo para para un beso y nada más.
martes, 1 de mayo de 2007
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