Hace mucho que no dependo de ti. Desde que decidiste quedarte en tu rutina de permanecer a un océano de distancia ni un segundo he vuelto a mencionarte. Pero -porque siempre llegan los peros en la vida- hoy por la mañana, sentado en el sillón de aire, haciendo zaping, he vuelto a pensar y ha sentir de a dos. Ni la más rica traducción de esta comodidad me deja cerca de la más trivial de nuestras conversaciones...
¿Qué palabras elegirías, ahora que sabes lo que se siente vivir este letargo de no hallarnos, por más que extendamos los brazos? ¿En qué sueño te sumergirás para evitar esta tarde de abril el sabor a nostalgia? ¿Qué dirás, qué mentira lanzaras? esa mentira tan tuya de querer hacer siempre lo mejor para los dos; volviéndolo todo esto un infierno, porque no eres capas de sentir lo que yo siento y por eso me marche me marcho y me marcharé; porque aún no eres capaz de mirar más allá de esos primeras impresiones; porque la primera mirada es la que vale, aunque no siempre es así, así sucede en nuestro caso. Agrio es el sabor de la noche pero cuando me encuentre en total abandono, será el día en que inicie el retorno. Me estorba la memoria, los sentidos me distraen pero aún tengo la certeza que nos hicimos la promesa de las aguas de Pokhara,"y el perfume que emane del sexo se fundirá en nuevo grito". Nunca he confiado en los labios muy finos -de ellos huyo como un fugitivo- y pero tus palabras amansan el oleaje que rompe contra mis venas. No me agrada los que llegan y te extraen el aire con su presencia, pero con tus suspiros purificas el aire y... Basta quiero dejar de sentir de a dos, porque desde este lado de la mesa sólo queda uno
