"Llévame al lugar de los sueños donde todos quieren llegar y unirme a tus sentimientos y mientras vas leyendo estas torpes líneas sé que sonríes"...
"A la apasionada exploración de lo desconocido (la aventura) prefirió la apoteosis de lo conocido (el regreso). A lo infinito (ya que la aventura nunca pretende tener un fin) prefirió el fin (ya que el regreso es la reconciliación con lo que la vida tiene de finito)".
Quizás por lo impertinente quizás porque en el fondo siente lo mismo que yo...El aventurero es un ensimismado que profesa una lealtad inquebrantable a sí mismo en tanto que apasionado de la aventura...
Sería como suponer que quien vive permanentemente en lo conocido, alguna vez decida volverse un aventurero de por vida. Quizá lo más probable sea que los seres humanos atraviesen por etapas aventureras que culminan con reposos de guerrero, para después salir otra vez de su cueva y explorar la vastedad del mundo moviéndose en el filo de lo imprevisto, de lo emocionante, de lo desconocido. Quiero decir que no veo la razón para hacer de la aventura y el reposo una dicotomía bipolar irreconciliable, y que tal vez convenga más hablar de dos contrarios que, por serlo, se complementan en una alternancia armónica que dura hasta que la energía vital cede su lugar a la iluminación y la trascendencia que nos llega con la visita segura y fatal de nuestra muerte.
Que se tome breves descansos de guerrero no quiere decir que el aventurero renuncie al vértigo de su libertad para entregarse por siempre al tedio de lo conocido. Esto no es de aventureros. Así proceden quienes jamás se han atrevido a lanzarse de cabeza en la aventura y tan sólo han husmeado en sus suburbios con timidez y cobardía. Ellos son los pobres de espíritu que ocultan sus indomables sueños de libertad bajo el triste y desgastado manto de la madurez y la cordura
