martes, 11 de mayo de 2010

nUNCA SEREMOS ALGO MEJOR::.

He pasado el tiempo como una abeja sin miel, cansado con la alegría de haber intentado al máximo y sin haber conseguido nada –sigo sin dinero a fin de mes-.
Que hubiese sido de mi si me hubieran dado ese bombón cuando realmente lo quería, es decir cuando dejo de ser un sonso capricho y era de vital importancia quizás no para la salud pero si para el alma. De niño yo tan bien quería mi caja de bombones, pero la verdad tan bien me hubiese conformado con uno solo beso de Mosa. No habría alcanzado inmortalidad pero si la felicidad. La felicidad más pura, felicidad que solo un niño puede sentir por tener aquello que deseaba (a pesar del posterior llanto). Los niños son pequeñas gotitas de ángeles que Dios, muy sabio él, premia a las personas por razones que solo él guarda. Y como ángeles los niños pueden volar y sus alas son ese estado de euforia que los hace hablar atreves de sus almas y son sus sonrisas la luz de cualquier familia, una excusa para querer ser feliz.
Con el paso del tiempo le sucede el desgaste del cuerpo pero no el olvido, claro que poco a poco uno sienta, quizás, hasta vergüenza de aquella época tan cercana al paraíso y quizás digo porque cuando uno crece, madura y va aprendiendo a dejar de sonreír progresivamente y aprende a justificar su infelicidad y la justificación perfecta será aquella de: “era tan solo un niño(a)” para cuando decide regresar la pagina y verse tan lleno de vida tan vacio de pena, y claro va a sonreír y hablar con su alma nuevamente, explicación me imagino que puedes quedarte sin habla o simplemente quedarte callado pero no puedes olvidar que sabes hablar.