domingo, 5 de agosto de 2007

bUENOS AMIGOS Y MEJORES COMPLICES

Mi desagradable costumbre por llegar temprano a cualquier lugar conjugo perfectamente con su particular forma de llegar tarde el primer día del resto de su vida universitaria. Pero haría falta de la genialidad de Patricio (sí, el enajenado amigo de esa esponjosa amarilla) para enseñarnos que las risas siempre se interpondrían, aunque el culpable de la carcajada inicial sería un ¿Cabello? preciso en la chalina de una exacta amistad frustrada. Y ya está amigos para siempre y cómplices desde antes de siempre.
Desde entonces lo hemos vivido todo y nos lo hemos recordado con lujo de detalles. Podemos pasar eternidades en silencio y comprendernos isn esmero. Hablamos y reímos cuando se nos da la gana, completamos las frases del otro, las canciones y las ideas sueltas que nos rellenan la nuestros pensamientos compartidos. El sabe cuando yo sé, y yo desconozco cuando el no se entera. Así de insulsos, pero igual de necesarios. Un dúo dinámico que lo mejor hace es no hacer nada, cuya única esperanza es escribir mejor que el otro, siempre y cuando el otro lo corrija, o viceversa, sobre todo viceversa…